El día de ayer fui a recoger a mi hermanito a un curso de inglés para niños que están impartiendo en su primaria, al verme llegar, mi hermano corrió acompañado de uno de sus compañeritos hacia donde yo estaba y sin dejarme emanar ningún sonido o palabra, me preguntaron al unísono: ¿Tú por qué juegas videojuegos? “Porqueeeeee… son divertidos y me entretienen”, fue lo primero que les contesté, nada adicional se me ocurrió, quizá porque eran niños no pensé en una explicación más elaborada pero cierta. Al parecer mi respuesta no les convenció y les pregunté por qué me habían preguntado eso. “Es que nuestra maestra dice que los videojuegos son malos y nosotros le dijimos que no es cierto, que yo tengo un hermano que tiene un buen trabajo y que gana mucho dinero y que juega videojuegos”.

No entraré en la pelea de que si los videojuegos son malos o son buenos, mi experiencia me dice que no son malos y podrían ser buenos pero depende de la personalidad de quien los disfruta. Cada quien recibe los mensajes a su manera y su cerebro llevará a cabo acciones con base en sus valores y experiencias. Pero ese no es el  punto, hoy quiero mejorar mi respuesta, la cual le enseñaré a mi hermano más adelante, y decirles la verdad sobre por qué juego.

Si bien me divierten y funcionan como relajante y distractor antes el estrés cotidiano, haciendo una remembranza de mis verdaderos años como gamer, puedo decirles que la soledad fue lo que me motivó a ser un videojugador. Mis padres trabajaban, no tenía muchos amigos, era muy poco sociable y sólo me enfocaba en la escuela para sacar buenas calificaciones. Los videojuegos eran mi escape de mi realidad, la cual no era mala pero tampoco una que alguien envidiaría, por lo que estar en línea jugando o pasando las misiones de algún título me permitía convertirme en el personaje, vivir sus aventuras y creer que yo podría alcanzar el final feliz.

Es muy parecido a lo que me sucede con los libros, cuando comienzo a leer, nada existe a mi alrededor, todo desaparece y me introduzco en el ambiente que el autor me está narrando, el cual imagino en mi mente y cuando logró crearlo, llega la hora de adentrarme en la historia, experimentar todos y cada uno de los sentimientos de los personajes, al grado de sentirme parte de ellos. Es como vivir en una realidad alterna, muy alejado de los problemas reales, los cuales volverán en cuanto cierre las páginas o apague la consola.

Por eso juego videojuegos, porque la vida es hermosa, pero tiene un lado oscuro el cual todos queremos olvidar o por lo menos cubrir con momentos de diversión, como lo son las historias en los libros y los videojuegos. No necesariamente un niño, un adolescente, un joven o un adulto se la pasan pegados a las letras o al televisor por diversión, algunos encontraron en ellos su salida de emergencia, la cual utilizan para escapar de su amarga realidad. Pero no se olvidan de ella, pues saben que volverán en cuanto terminen.

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